Cómo evaluar a un socio tecnológico antes de firmar un contrato serio
Hace unas semanas recibimos en Andina Software la constancia de homologación de SGS del Perú. El proceso lo solicitó el Grupo Romero como parte de su evaluación de proveedores, y el resultado fue 91.88%, calificación de Nivel Óptimo. En capacidad operativa y gestión comercial obtuvimos 100 puntos.
Podría dejarlo ahí y celebrar el logo en la web. Pero quiero contar lo que hay detrás, porque creo que dice algo importante sobre cómo las empresas deberían contratar tecnología.
Qué evalúa realmente una homologación
Cuando SGS te audita, no le interesa qué tan bonito es tu portafolio ni qué tan bien vendes en una reunión. Revisan cuatro cosas: tu situación financiera y el cumplimiento de tus obligaciones legales, tu capacidad operativa real, cómo gestionas la calidad de lo que entregas y cómo manejas la relación comercial.
Es decir, evalúan si tu proveedor va a seguir existiendo en dos años, si paga sus impuestos y a su gente, si tiene procesos o improvisa, y si cumple lo que promete en contrato.
Nada de eso aparece en una propuesta comercial. Y sin embargo, es exactamente lo que determina si un proyecto de software termina bien o se convierte en un dolor de cabeza.
El problema de contratar software a ciegas
En el Perú, la mayoría de empresas medianas contrata desarrollo de software basándose en tres cosas: el precio, una demo y la confianza que genera el vendedor. Con eso firman proyectos de seis cifras.
He visto lo que pasa después. El proveedor desaparece a mitad del proyecto porque no tenía espalda financiera. El sistema queda a medias porque el equipo que lo hacía era un freelancer subcontratado. Nadie responde cuando algo falla en producción porque nunca hubo un acuerdo de soporte real.
El costo de un mal proveedor de software no es el monto del contrato. Es el sistema que no funciona, los meses perdidos, la migración forzada y volver a empezar con otro.
Qué deberías exigir antes de firmar
No toda empresa puede pedir una homologación formal de SGS, pero cualquiera puede aplicar la misma lógica. Antes de contratar un proyecto serio de software, yo pediría como mínimo:
Ficha RUC activa y habida, con historial. Una empresa que recién se constituyó para tu proyecto es una señal de alerta. Referencias verificables de clientes con proyectos similares, no logos en una web. Claridad sobre quién va a hacer el trabajo realmente: equipo propio o subcontratado. Un acuerdo de soporte posterior a la entrega, con tiempos de respuesta definidos. Y evidencia de salud financiera básica, porque un proveedor ahogado en deudas prioriza sobrevivir, no tu proyecto.
Si un proveedor se incomoda con estas preguntas, esa incomodidad ya es una respuesta.
Por qué nosotros nos sometimos al proceso
Cuando el Grupo Romero solicitó nuestra homologación, pudimos verlo como un trámite. Preferimos verlo como una validación externa de algo que veníamos construyendo desde 2018: una empresa formal, con finanzas ordenadas, procesos de calidad y capacidad real de entrega.
Ese 91.88% no es marketing. Es un tercero independiente revisando nuestros libros, nuestros procesos y nuestra operación, y concluyendo que estamos aptos para trabajar con corporaciones que no pueden darse el lujo de que un proveedor les falle.
Si tu empresa está por contratar un desarrollo importante, evalúa a tu socio tecnológico con el mismo rigor con el que evaluarías a un socio de negocio. Porque eso es lo que va a ser durante los próximos años.